El sentido de la vista es el menos desarrollado por los bebés al nacer. A pesar de que sus ojos estén bien desarrollados y listos para funcionar, es una constante evolución la que tienen que seguir los recién nacidos para apreciar su entorno en alta definición. No será hasta los 4 o 5 años cuando su estructura óptica se haya perfeccionado del todo.
Hoy, os informamos sobre la visión del bebé durante los tres primeros años de vida, dividida en varias etapas. De esta forma, sabremos si su desarrollo está siendo el adecuado. ¡Tomad nota!

Del primer hasta el tercer mes
La capacidad visual es prácticamente nula durante el primer mes de vida. El bebé es incapaz de enfocar y se deja llevar por las sombras. Todavía no aprecia el color de su entorno: en en blanco y negro y la distancia máxima de percepción es de solamente veinticinco centímetros.
No será hasta el segundo mes y en adelante cuando vaya apreciando determinados colores primarios. No los distingue del todo bien, y además, se deja llevar más fácilmente por las piezas brillantes. En consecuencia, comienza a fijar la vista en elementos determinados del exterior.
 
Del tercer al quinto mes
El bebé ya comienza a descubrir partes de su cuerpo con los ojos, como las manos y los pies, aunque no les preste mucha atención. En el cuarto mes se lleva a cabo la etapa binocular, un proceso en el que sus ojos trabajan juntos y forman las primeras figuras en tres dimensiones.
¡Y ya reacciona a los rostros de la gente! Siente predilección por las personas que le atienden. Si le miras y le haces muecas, este te mirará, e incluso puede que responda con una amplia sonrisa.
Estos meses son importantes para el desarrollo de la convergencia y la acomodación, dos procesos fundamentales para el perfecto funcionamiento del enfoque. De esta manera, dos imágenes que ve por separado se fundirán y por fin apreciará la sensación de profundidad de los cuerpos.
 

Del sexto al octavo mes
Durante los meses de gateo (del sexto al octavo mes), el bebé trabaja la visión binocular y atiende a los pequeños detalles que se interponen en su camino. Se desarrolla la función periférica, es decir, su ángulo de percepción aumenta hasta los 180º. Por otro lado, el bebé comienza a realizar conexiones entre su vista y sus extremidades. Su deseo de querer moverse se convierte en una necesidad.
Ahora pueden fijar la vista durante más tiempo; es observador de la realidad que le rodea, aunque prestará mucha más atención a los objetos con colores muy contrastados.
 



Del noveno mes al año
El campo visual del bebé a los nueve meses es mucho mayor: puede ver desde una distancia de seis metros, por lo que la visión binocular se amplifica de manera notable. Por otro lado, su coordinación con las manos es mucho mayor y sigue con la vista los objetos en movimiento. Conseguirá apreciar las pequeñas piezas tiradas por el suelo e intentará cogerlas, ¡cuidado con lo que se pueda llevar a la boca!
Ya al año, su vista estará igual de desarrollada que la de un adulto, aunque todavía queda mucho por pulir. La retina no terminará de formarse hasta el cuarto año de vida, por ejemplo, pero, paralelamente a su desarrollo cerebral, se sentirá motivado por encontrar sus juguetes escondidos a caso hecho.