La correcta alimentación de los bebés es fundamental para que se desarrollen de la mejor forma posible. Por ello, debemos hacer todo cuanto esté en nuestras manos para que nuestros pequeños no experimenten ninguna clase de problema durante su crecimiento.

Sin embargo, pese a este exhaustivo control que llevamos a cabo, debemos entender que no siempre depende directamente de nosotros; hay fenómenos más que normales, y también bastante molestos, que se dan en muchos bebés como una parte más en su desarrollo. ¡Pero esto no quiere decir que no podamos ayudar a evitarlo!

Un claro ejemplo son los cólicos del lactante, que afectan, aproximadamente, a un 20% de los bebés. Estos consisten en episodios de llanto después de cada toma, pese a que estén sanos. Aparecen, normalmente, una semana después de que el bebé haya nacido y pueden permanecer hasta los tres primeros meses; luego, desaparecen de forma natural.

Por lo general, estos cólicos se manifiestan al acabar cada toma, especialmente durante la tarde o noche, ¡y pueden durar más de dos horas!

¿Cuáles son los síntomas de estos cólicos?

Cada bebé es un mundo y puede mostrar diferentes síntomas, pero hay una serie de indicios que nos pueden hacer ver que está sufriendo cólicos. A continuación, te mostramos los más notables:

  • El pequeño llora con bastante frecuencia y durante bastante tiempo, aunque no sea justo después de cada toma. Se trata, además, de un llanto fuerte, insistente e, incluso, irritable. ¡Debemos tener paciencia!
  • Al bebé le cuesta dormirse y a ello debemos sumarle que su sueño no es demasiado profundo, por lo que se despierta con bastante facilidad.
  • El vientre del pequeño está duro, derivado, posiblemente, de su dificultad para eliminar los gases y expulsar las heces, y pese a ello, no sufre diarrea.
  • El bebé actúa de forma irritable y las técnicas que utilizamos en otros momentos para tranquilizarlo no funcionan para calmar su llanto.
  • Al llanto, se le unen otros elementos como el cierre de puños, el encogimiento de piernas y el enrojecimiento de su cara, muestra de sus nervios.

Todas estas señales suelen mostrarse de forma repentina y, como ya hemos comentado, normalmente aparecen con la llegada de la tarde, aproximadamente, desde las seis hasta el final del día.

¿Cuáles son las causas de estos cólicos?

Antes de nada, debemos saber que las causas de estos cólicos pueden ser variadas, y no siempre tiene por qué darse una sola; puede ser la combinación de varias lo que dé lugar al llanto del bebé. Estas causas son las siguientes:

  • Pauta de alimentación. Es más frecuente que los cólicos afecten a niños que se alimentan de biberón en lugar del pecho. ¿A qué se debe esto, principalmente? A que el niño que toma el pecho lo hace bajo demanda; el niño que se alimenta con biberón, sin embargo, suele hacerlo por horarios y cantidades que nosotros mismos determinamos. Esto puede provocar que el bebé coma con ansiedad, lo que da lugar a que trague gases y, por tanto, le duela el estómago, con lo que, en la siguiente toma, no comerá bien, tendrá ansiedad y acumulará más gases.
  • Alteración en la flora intestinal. Es posible que el bebé tenga en su organismo gérmenes que produzcan una fermentación con más gases de lo normal.
  • Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca o intolerancia a la lactosa. Normalmente, se trata de bebés que toman leche de fórmula o cuyas madres toman leche y, a través del pecho, les transmiten estas proteínas.
  • Estreñimiento.
  • Reflujo gastroesofágico. Se trata de bebés que producen bastante ácido en el estómago. Al contrario de otros bebés, no se encogen cuando sufren los cólicos, sino que se estiran, porque el encogimiento provoca que la comida “suba” y les arda.

¿Qué podemos hacer para prevenir estos cólicos?

Tener una dieta equilibrada

A través de la leche materna, podemos transmitir a los pequeños sustancias que causen estos cólicos. Por este motivo, debemos tener especial cuidado con el tipo de alimentos que incluimos en nuestra dieta. Es bueno eliminar la teína y la cafeína, así como evitar el consumo de alcohol, bebidas energizantes y medicamentos que no hayan sido expresamente recetados por nuestro médico durante la lactancia.

Además, se recomienda tomar una infusión de eneldo, hinojo y anís después de cada toma. Éstas se transmitirán a tu bebé mediante la leche y ayudarán a evitar los cólicos.

Dar el pecho de forma correcta

Es importante dar bien el pecho para evitar que el bebé se llene de gases y aparezcan los cólicos. Para ello, debemos tener en cuenta que nunca debemos cambiar de pecho al poco tiempo de comenzar la toma. Siempre debemos asegurarnos de que el primer pecho se vacía y, si el bebé no queda satisfecho, ofrecerle el otro. Un consejo a seguir: en la siguiente toma, comencemos con el otro pecho.

Dar el biberón de manera adecuada

Si, por diferentes motivos, alimentamos a nuestro bebé con un biberón y no directamente del pecho, debemos tener en cuenta una serie de consejos a fin de evitar que el pequeño sufra cólicos:

  • El tamaño del agujero de la tetina debe ser el adecuado. Si el agujero es demasiado pequeño, el bebé puede cansarse y dejar la toma antes de que se llene, por lo que es muy posible que comience a llorar al poco de acabar. Si, por el contrario, el agujero es demasiado grande, el bebé tomará leche demasiado rápido, por lo que tragará aire durante la toma. Una buena forma de evitar esto último es utilizar biberones con sistema de ventilación completa, que reducen el riesgo de sufrir cólicos y gases.
  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el bebé se alimente exclusivamente de leche materna durante los seis primeros meses. Sin embargo, si no es posible por diversas razones, debemos asegurarnos de elegir una leche de fórmula adecuada para nuestro bebé, ya que, si ésta no es la ideal, puede causar estreñimiento y gases.

Alimentar al bebé en la posición ideal

Alimentemos a nuestro bebé con el pecho o con un biberón, debemos asegurarnos de que, durante la toma, éste esté erguido y no recostado, ya que esta última posición beneficia la acumulación de gases en el organismo. Asimismo, es bueno que intentemos que el pequeño eructe justo después de cada toma.

Si aparecen los cólicos, ¿qué podemos hacer para aliviarlos?

En caso de que no podamos evitar la aparición de cólicos, podemos seguir los siguientes consejos para calmarlos y, así, ayudar a nuestro bebé:

  • Los masajes son buenos para reducir los cólicos. Para ello, podemos presionar el abdomen de nuestro pequeño con movimientos circulares. También podemos realizar este masaje en su espalda, colocando al bebé boca abajo con ayuda de nuestros brazos.
  • Escuchar música es una buena forma de relajar al bebé si éste no deja de llorar. Estará entretenido y, con ello, conseguirá calmarse.
  • Como ya hemos comentado, en las tomas, el bebé debe estar erguido. Esta misma posición vertical puede sernos de ayuda para eliminar la acidez y expulsar los gases.
  • Otra opción es utilizar un chupete, ya que, para muchos bebés, es una forma de calmar los nervios, especialmente si están sufriendo los cólicos.
  • Hay medicamentos como el Reuteri o el Colimil que pueden ayudar a calmar los cólicos del bebé. ¡Eso sí! Siempre debemos consultarlo previamente con el pediatra para que éste nos dé su aprobación.

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