Durante el primer año de vida del bebé, este se desarrolla con asombrosa rapidez. Está preparado para dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras. No obstante, en un proceso tan bonito como su crecimiento, existen pequeños momentos de incomodidad, como cuando padecen de reflujos.

Pero ¡no temáis! Es una reacción muy habitual a tan temprana edad. Por ello, os damos toda la información necesaria sobre el reflujo en bebés y cómo evitarlo. ¡Vamos a ello!

 

¿Qué es el reflujo?

También se le conoce como ‘bocanadas de leche’, y se produce en las tomas de pecho con la madre o en la alimentación con biberón. Consiste en el cierre de la válvula del esófago que no permite la digestión y que, por ende, el alimento ascienda hacia arriba, produciendo irritación, acidez e incluso vómitos.

Padecer de reflujos es más común en niños que en niñas. Otros factores como el temperamento nervioso e incluso la herencia (si alguien de la familia padeció de hernia de hiato en el pasado), también influyen.

Como decíamos antes, es un efecto normal debido a que el esófago no está del todo desarrollado. Esto no desembocará en una enfermedad a largo plazo en el bebé, porque después del año dejará de padecerlo.

 

¿Cuáles son sus causas y síntomas?

La inmadurez del sistema digestivo es la principal causa del reflujo en bebés. Su estómago es tan pequeño para tanta comida que a veces no consigue asimilarla por completo. Se debe principalmente a la disfunción del esfínter esofágico, la válvula que controla la circulación de alimentos.

Normalmente, el problema cesa después del sexto mes, cuando el bebé comienza a ganar autonomía irguiéndose y sentándose. Si pasados los seis meses sigue presentando episodios continuos de vómitos, lo más recomendable es ir al pediatra e informarle sobre lo sucedido.

Sus principales síntomas son dolor abdominal, irritación de garganta, vómitos, nauseas y dificultades para conciliar el sueño. En otras ocasiones, de forma menos frecuente, pueden padecer de gases y pérdida de peso. A veces, la situación puede complicarse, afectándole al sistema respiratorio. Pero con los fármacos necesarios regularemos el exceso de acidez en su organismo. 

 

Consejos para aliviar al bebé

Ahora que tenemos unas nociones básicas sobre este fenómeno en bebés, debemos tener en cuenta una serie de indicaciones para saber aliviar a nuestro hijo. Estas sencillas pautas os ayudarán en este periodo clave de crianza. ¡Allá vamos!

● Una de las primeras soluciones a tener en cuenta es poner al bebé en posición vertical. Bien podemos sentarle y hacer que eructe lo que ha ingerido, o bien optamos por darle de comer más veces y en menor cantidad, para que lo asimile bien.

● A la hora de la siesta, el bebé debe dormir ligeramente incorporado con una almohada. De esta manera, le facilitamos sus labores de digestión.

● Cuando llore, no debemos darle de comer. Es el momento en el que padece un episodio de irritación y no debemos colmarle. Tampoco debemos dejar de alimentarle, cuando vemos que se calme, vamos a ello.

● A la hora de darle de comer debemos tener en cuenta la posición vertical. Y, sobre todo, que no coma demasiado rápido. Mantén los ritmos de la comida, y que por cada pocas tomas le insistas a echar los gases.

● La ropa también puede ser una razón que dificulte su digestión. Para estos días, recomendamos ropa holgada y que no le apriete.

● Un consejo para las madres: vuestra alimentación también influye. Si cuidáis vuestra dieta, el estado del bebé mejorará. Para ello debemos prescindir de la cafeína, los alimentos ácidos y fritos, el alcohol y algunas frutas como la pera o la manzana.

● Si el bebé se alimenta con biberón, es recomendable que utilice uno que favorezca la digestión, como los de Dr. Brown’s. Estos, además de reducir los cólicos, también reducen gases y regurgitaciones.

 

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