Cuando acaba el verano, nuestras vidas cambian de forma repentina. El ritmo de vida al que nos hemos acostumbrado durante los meses estivales desaparece. En su lugar, se presenta un panorama completamente diferente. Es momento de volver al trabajo para los adultos; para los niños, de empezar o volver al colegio.
¡Pero no es lo único! También es hora de que se reduzca el número de horas de horas de sol y, con ello, nuestro estado de ánimo puede verse alterado. Todo ello, en conjunto, da lugar a un desgaste físico y mental que puede afectar a nuestras defensas, ¡y a la de los peques!

Por este motivo, es importante contar con una alimentación que se ajuste a las estaciones más frías del año. Tenemos que contar en nuestra dieta con alimentos que nos aporten energía para hacer frente al día a día, ¡y a los resfriados!

Los alimentos de la época

Hace poco os hablábamos de cuáles eran los beneficios de las frutas de otoño. Hoy, os hablamos de otros alimentos que tienen muchos beneficios para la salud de los bebés.

Verduras

Las verduras son, junto a las frutas, los primeros alimentos que introducimos en la dieta de los bebés. Su dulzor hace que las acepten después de haber estado seis meses con alimentación exclusiva de leche materna. Y, además, ¡sus propiedades son numerosas!

Entre las verduras, destacan el brócoli, que tiene altos niveles de vitamina C y antioxidantes, y la seta, rica en proteínas, minerales y vitaminas B. También es buena la berenjena, que cuenta con una cantidad considerable de antioxidantes. Ésta es ideal para favorecer el funcionamiento del hígado y, además, favorece la digestión. Con ello, se reducen las posibilidades de que nuestro peque sufra estreñimiento.

Por último, mención especial a la coliflor y a las coles de Bruselas. Son ricas en vitaminas C y favorecen el desarrollo del sistema inmunológico. Asimismo, ayudan a prevenir determinadas enfermedades degenerativas.

¡Otros! En otoño e invierno, también es bueno consumir calabacín y calabaza.

Carnes blancas

Al igual que el pescado, la carne blanca se caracteriza por su alto contenido de proteínas de origen animal. Es, además, uno de los alimentos más ricos en vitaminas B, por lo que es una gran fuente de energía. La carne blanca también es buena para combatir la anemia gracias a la presencia de hierro y aminoácidos.

Pescado

Es aconsejable que los bebés consuman pescado cuatro veces por semana, aproximadamente. Son una fuente rica en proteínas, las más recomendadas, especialmente en esta época del año. Estas proteínas, que deben alternarse con otras de origen animal (huevo, lácteos…), como las del pescado, y vegetal (cereales, legumbres…), favorecen, además, el crecimiento.

Aunque no sea conocido por ello, el pescado contiene importantes cantidades de calcio, especialmente los que tienen espinas. El calcio es bueno para fortalecer los huesos y dientes. Además, mejora la coagulación de la sangre.

En cualquier caso, la introducción de pescado siempre debe realizarse con pescado blanco (merluza, lenguado, bacalao…); a partir del año, ya pueden consumir pescado azul. Asimismo, en el período comprendido entre los 6 y los 12 meses, desde la Asociación Española de Pediatría se apunta que el pescado no se debe ofrecer a los niños en una misma jornada que una porción de carne o huevo, ya que se produciría un aporte de proteínas excesivo.

Huevos

En la dieta equilibrada de nuestros peques, el huevo debe estar presente. Estos se caracterizan por ser ricos en proteínas libres de grasas, por lo que se pueden consumir 4-5 veces por semana. También son ricos en minerales, entre los que destacan el fósforo, el hierro, el magnesio y el potasio.

El huevo tiene altos niveles de vitamina B12, especialmente en la yema, pero también de A, D y E.  Por tanto, es un antioxidante necesario para el organismo de los bebés.

¡Ojo! El huevo es uno de los alimentos que más alergias pueden producir, por lo que debemos supervisar muy bien su introducción en la dieta del bebé. Lo ideal es empezar con la yema, introduciéndola cocida en el puré. A partir de los 10-12 meses, ya se puede incorporar la clara.

La importancia de la hidratación

Es posible que asociemos el consumo de agua a temporadas de calor, ¡pero estamos muy equivocados! De hecho, para subir la temperatura del aire frío que recibimos, es necesario que tengamos más líquido en nuestro organismo. ¡Y también los bebés! La razón es sencilla: si el entorno es más frío que en otras situaciones, nuestro sistema respiratorio debe trabajar más, lo que supone que perdemos agua a través de las vías respiratorias.

Por este motivo, es importante que nuestros bebés consuman tanta agua como en las temporadas de calor. La ausencia de agua puede provocar una reducción de energía y, como consecuencia, del rendimiento físico.

Posibles alergias

Si vamos a introducir algún alimento nuevo en la dieta de nuestro bebé lo ideal es ofrecérselo a mediodía, en el almuerzo. De esta forma podremos estar más atentos a posibles reacciones como granitos, rojeces en la piel, vómitos, diarreas o malestar.

La Asociación Española de Pediatría aconseja que la introducción de diferentes alimentos por primera vez se realice de forma individual a intervalos de 3-5 días para la detección de posibles alergias.

Siempre debemos consultar con nuestro pediatra la iniciación y desarrollo de la AC de nuestro pequeño y posibles dudas que tengamos.

Si nuestro bebé se alimenta con leche de fórmula como alternativa a la lactancia materna, que debe ser siempre la primera opción, contamos con Capricare, la primera leche de fórmula para bebés hecha a base de leche entera de cabra.

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